Eduardo Shaw Gerente de DERES
ENERO | 2009
Responsabilidad social empresaria: ¿Y ahora qué?
Desde que la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) irrumpió fuertemente como tal hace casi dos décadas, mucha agua ha corrido bajo el puente.
La "Comisión Brundtland", promovida por la Naciones Unidas en 1985, con el objetivo de evaluar la creciente desmejora del desarrollo humano y el deterioro constante del medioambiente, disparó, en cierto modo, una alerta sobre la importancia del Desarrollo Sostenible.
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De la misma tenemos muy presente la definición sobre Desarrollo Sostenible como "el desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas".

Otro "hito" podría ser la llamada Conferencia de la Tierra desarrollada en Río en 1992 donde ya se afianzaron varias iniciativas y convenciones internacionales que hoy nos continúan acompañando referentes a temas de diversidad, forestación y cambio climático entre otras.

Esta Conferencia dio pié a una de las iniciativas globales del sector privado más importantes: la creación en 1995 del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) o "Consejo Empresario Mundial para el Desarrollo Sostenible". Esta iniciativa, que reúne a un importante número de las empresas más importantes del mundo, ha trabajado fuerte en establecer el rol de las empresas frente al Desarrollo Sostenible investigando y promoviendo nuevas formas de hacer negocios con rentabilidad sustentable. Es que, al decir de uno de sus fundadores, Stephan Schmidheiny, fundador también de AVINA, "no podrán existir empresas exitosas en sociedades fracasadas".

A la luz de estos cambios que sucedían en el mundo, donde la globalización, la transversalidad de las operaciones de las multinacionales, el crecimiento de la conciencia por parte de los consumidores y una sociedad civil cada vez más organizada e informada, las empresas ya no pueden considerarse ajenas al desarrollo socio-económico de los países. Muchos han señalado a las empresas como parte del problema y en gran medida es verdad. Es por esto que bajo la visión de la RSE, las empresas pasan a dejar de ser parte del problema convirtiéndose en parte de la solución.

¿De qué hablamos cuando decimos RSE? Si quisiéramos establecer una definición y la "googleáramos", nos pasaríamos días leyendo. No en vano la ISO ha resuelto preparar la Norma 26000 sobre Responsabilidad Social. Una buena señal para todos.

Pero para simplificar las cosas, en definitiva, la RSE se reduce al concepto de que las empresas deben hacer lo que está en su naturaleza, generar valor para sí misma (accionistas, dueños, etc.) generando, a la vez, valor para el resto de los actores de la sociedad (trabajadores, comunidad, Estado, etc.). Este equilibrio de "ganar-ganar" requiere un especial cuidado en los impactos sobre estos actores y sobre el medioambiente, independientemente del sector donde se actúa.

Es así que, si bien, como mencionábamos al comienzo, este proceso como tal lleva casi 20 años, el avance es paulatino y no con pocos obstáculos. La crisis financiera global que hoy afecta al mundo y que en mayor o menor grado nos impactará, será una muestra clara de cuán arraigada la RSE está en la propia gestión de las empresas o si simplemente ha sido algo sobre el que se habló en tiempos de bonanza económica.

Cuando se lanzó DERES y se comenzó a difundir la RSE en nuestro país, los tiempos no eran muy distintos: nos estaba pegando muy fuerte la crisis en 2001. Muchas empresas creyeron que justamente era en estas circunstancias en que se debía trabajar con responsabilidad social. Para utilizar la definición de DERES, se debía trabajar con "una visión de negocios que integrara a la gestión de la empresa el respeto por los valores y principios éticos, las personas, la comunidad y el medio ambiente". Las empresas así lo entendieron y el compromiso fue fuerte: la RSE no puede depender de los ciclos.

Esperemos que el tiempo nos de la razón.